Tres Romeos y tres Julietas

por José Santos Leal


    Si hiciéramos una encuesta para averiguar cuál es la historia de amor más universal, la más conocida, la más representativa de todas, esa sería, seguramente, la de Romeo y Julieta: un amor adolescente, insensato, impulsivo y condenado a la fatalidad desde el principio. Naturalmente, una historia tan atractiva y universal, ha servido de pretexto para muchas obras musicales, desde óperas hasta sinfonías, desde música cinematográfica hasta ballets. Berlioz, D'Ivri, Bellini, Gounod, Rumling, Dalayrac, Gerhard, son solo algunos ejemplos de compositores que se han acercado a este drama y le han puesto música. Sin embargo, en este artículo vamos a centrarnos en tres de las músicas más célebres sobre este tema: la obertura de Romeo y Julieta, de Tchaikovsky, el ballet Romeo y Julieta de Prokofiev y la banda sonora de la famosa película, a cargo de Nino Rota. Tres obras  muy diferentes tanto en la época en que fueron compuestas como en el género y en la manera de abordar el drama de Shakespeare.

   El Romeo de Tchaikovsky

    Empezamos nuestro paseo musical por la más antigua de las tres obras: la de Tchaikovsky, compuesta en 1869. Se trata en realidad de un poema sinfónico, es decir, una obra instrumental en la que el autor utiliza los instrumentos de la orquesta para narrar la historia, adecuando cada sección musical a los momentos escogidos del relato, pero sin utilizar la voz humana. La técnica que utilizan los compositores para la composición de un poema sinfónico se asemeja mucho a la que se utiliza en el cine (aunque en 1869 faltaban aun 58 años para la invención del cine sonoro). 

    

    Naturalmente, si un oyente escucha un poema sinfónico sin conocer nada de la historia en la que está basado, no la va a adivinar solo por el sonido de los instrumentos. Por eso, lo más recomendable para disfrutar al máximo de una obra como esta es conocer de antemano el relato que la inspiró y tratar de reconocer en los diferentes pasajes musicales cada una de las escenas del drama. Este planteamiento formal le da al compositor bastante libertad para escoger las escenas que, a su juicio, resultan más interesantes desde el punto de vista musical. De hecho, Tchaikovsky se toma ciertas licencias a la hora de modificar algunos detalles del drama original.

   Hay que decir que el compositor ruso tardó diez años en dar forma definitiva a esta obra, realizando durante ese tiempo sucesivas correcciones al tiempo que se iba estrenando, con notable éxito, en las principales ciudades europeas. No le hicieron sombra ninguna de las 16 óperas (por lo menos) que ya se habían escrito sobre este mismo argumento, en cambio, sí tuvo que 'competir' con el Romeo y Julieta compuesto por Berlioz, que llegó a estrenarse en Rusia alcanzando gran celebridad. Es posible que ese sea el motivo de que Tchaikovsky realizara las modificaciones que hemos mencionado, para adaptar su obra a los gustos del público de la época, hasta dejarla en 1879 como hoy la conocemos.

   Tratándose de una obra en forma de poema sinfónico, es de rigor que el autor utilice diferentes melodías para los diferentes personajes. Así tenemos el tema de Romeo, el de Julieta, el del destino, el de la rivalidad entre las dos familias, etc. Os proponemos ahora la audición de la parte central de esta música, la que contiene el tema más célebre de todos y que se ha convertido por méritos propios en todo un estandarte musical del amor.

    En este fragmento aparece el tema principal de la obra, interpretado por los violines, mientras las trompas realizan un motivo en segundas descendentes. La complejidad de la textura orquestal es considerable, de modo que si nos fijamos bien podemos identificar, por ejemplo, los instrumentos de viento madera realzando algunos pasajes. En el punto culminante de esta larga melodía podemos escuchar los timbales, que proporcionan un dramatismo extraordinario (fijaos también en la utilización que hace Tchaikovsky de la dinámica -crescendo, diminuendo- para acentuar la tensión musical en determinados momentos.

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   El ballet de Prokofiev

   Siguiendo el orden cronológico de composición, toca ahora hablar del ballet Romeo y Julieta, con música del también ruso Prokofiev.

  

   Cuando el compositor recibió el encargo de componer una música sobre este tema no lo aceptó inmediatamente, ya que temía que el fuerte contenido psicológico del drama no se pudiera traducir a una música que no utiliza palabras. Por otro lado, le preocupaba el hecho de que ya existía un gran número de óperas con este mismo argumento, además de la obertura de Tchaikovsky y la sinfonía de Berlioz. Pero finalmente aceptó y empezó a componerlo en 1935.

   Prokofiev dedicó considerables esfuerzos a la composición de esta obra, poniendo especial énfasis en los aspectos escénicos del espectáculo, cuya parte coreográfica estaba a cargo de Sergei Radlov. Hubo bastantes tensiones con Prokofiev durante los preparativos de la obra: tanto los coreógrafos como los bailarines esperaban una obra mucho más convencional, y el compositor, en cambio, trabajaba en una música moderna y atrevida. Hasta tal punto llegaron las tensiones que se llegó a cancelar el contrato con el compositor. Además, Prokofiev había cambiado el final trágico del drama de Shakespeare por un final feliz, hecho que fue muy criticado. En explicaciones del propio compositor, el cambio en el final tenía un propósito puramente coreográfico: un cadáver no puede bailar, y tratándose de un ballet consideró más oportuno que Romeo encontrase a Julieta viva al final.

   La música se estrenó en forma de suite de concierto (es decir, sin baile) en 1935, con bastante éxito y, dado que la compañía rusa había cancelado su contrato con Prokofiev, fue una compañía de ballet de Checoslovaquia la que realizó el estreno en forma de ballet. Esto provocó una reacción de las autoridades soviéticas, que consideraron una vergüenza que un ballet ruso se estrenara fuera de sus fronteras, de manera que proporcionaron los medios necesarios para representarlo dentro de sus fronteras.

    Los ensayos para el estreno ruso estuvieron llenos de tensiones: el nuevo coreógrafo, Leonid Lavrovsky, quería realizar cambios en la obra, pero Prokofiev se negaba, argumentando que la obra estaba terminada y que no iba a trabajar más en ella. Finalmente, el estreno ruso tuvo lugar en Leningrado en 1940. El éxito de público fue enorme, para sorpresa de los bailarines, del coreógrafo y del propio Prokofiev.

    Te proponemos escuchar un fragmento del llamado "baile de los caballeros", en el que los instrumentos de viento-metal realizan un acompañamiento muy contundente en compás binario mientras los violines exponen el tema principal, alcanzando en determinados momentos una tesitura extraordinariamente alta, lo que, en contraste con el acompañamiento grave de los metales, proporciona un ambiente un tanto áspero. También la caja, y otros elementos de la percusión refuerzan algunas notas.

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    La banda sonora de Nino Rota

   Quizás la más famosa película sobre el tema de Romeo y Julieta es la realizada en 1968 por Franco Zeffirelli, que obtuvo un gran éxito, además de un gran impacto mediático.

   La música creada por Rota está plagada de alusiones al renacimiento: utilización de instrumentos como el laúd, ritmos de danza como la pavana o la zarabanda y citas de obras musicales de la época. El compositor trabajó en estrecha colaboración con el director del film para conseguir un sonido que casara perfectamente con los versos de Shakespeare. La idea de Zeffirelli era realizar un film lo más respetuoso posible con la obra original, hasta el punto de contratar como protagonistas a dos jóvenes de 17 y 15 años respectivamente (la edad de Romeo y de Julieta en el original de Shakespeare) que además eran totalmente desconocidos e inexpertos como actores.

   Zeffirelli había trabajado con anterioridad en teatro y ópera, lo cual explica su especial cuidado por el vestuario y la fotografía y su excelente recreación del renacimiento. La película consiguió dos Oscars: mejor vestuario y mejor cinematografía, y estuvo nominada además para mejor película y mejor director.

    En cuanto a la música, Nino Rota hace un uso muy interesante de la orquestación, alternando pasajes a solo con otros para pequeño grupo, confiriendo un aire de música de cámara. Por otro lado, las melodías llenas de lirismo ambientan muy bien la melancolía de los jóvenes enamorados.

  

    El pasaje que os proponemos es el famoso tema de amor. La célebre melodía de inspiración renacentista es interpretada por la cuerda y las maderas, con un acompañamiento sencillo pero muy efectivo a cargo del piano. La textura musical resulta muy simple, si la comparamos, por ejemplo, con el Romeo de Tchaikovsky, pero eso no le resta emotividad.

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